Historia: "Susurros"

3 a.m. Me duele la cabeza, llevo toda la noche de fiesta y creo que ya es hora de volver a casa. La calle está desierta, no hay ni un alma por la calle. Conecto los auriculares a mi teléfono y subo el volumen a tope hasta que la música me retumba en los oídos, necesito un momento de paz después de llevar toda la noche escuchando a gente gritando y haciendo ruido.
Camino despacio, no tengo prisa por llegar a casa, solo necesito tranquilidad durante unos minutos. Noto como alguien me llama y me quito los auriculares, pero la calle sigue tan desierta como al principio. Vuelven a llamarme en un susurro casi imperceptible que me asusta. Los susurros aumentan y dicen mi nombre seguido de otras palabras que no consigo descifrar, parecen hablar en otro idioma.
Vuelvo a poner los auriculares y camino más rápido pero las voces no cesan, cada vez las noto más cerca.
Mi pulso se acelera, nunca había tenido tanto miedo, intento ignorar las voces y concentrarme en la música pero no puedo. Noto un aliento cálido en mi oreja y me sobresalto, pero allí no hay nadie, aunque estoy convencida de que esa sensación ha sido real, no un producto de mi imaginación.
Continuo caminando pero no avanzo, mis piernas se mueven pero no consigo caminar, es como si alguien me estuviera agarrando y no me dejara marchar.
Respiro hondo, intentando convencerme de que aquello no es más que una alucinación debido al alcohol que he bebido durante la noche. Pero aquello no cesa, noto como alguien me acaricia la piel y cierro los ojos, están por todas partes repitiendo mi nombre una y otra vez.
- ¡Socorro! - grito aunque sé que nadie me está escuchando, ni siquiera estoy convencida de que de verdad aquellas palabras hayan salido de mi boca.
Noto como algo frío me roza el brazo y abro los ojos, pero sigo sin ver nada.
Entonces siento como algo se me clava en el pecho y noto mi sangre manando en grandes cantidades. Un dolor punzante aborda mi pecho y no me deja respirar, noto como me voy poco a poco, caigo al suelo y todo se vuelve negro.

Abro los ojos, enfrente de mí está la discoteca donde he ido con mis amigos de fiesta. Me toco el pecho pero allí no hay nada, no hay sangre ni dolor. Camino por la calle extrañada por lo que acaba de pasar, está claro que todo era un sueño pero, ¿cómo ha ocurrido? ¿Cómo me he podido quedar dormida en la salida de la discoteca?
Abordada por tantas preguntas camino despacio por la calle, por la que todo ha ocurrido y entonces escucho algo, al principio es una voz que apenas percibo pero luego lo noto, lo siento, es mi propia voz pidiendo socorro aún sabiendo que nadie me va a contestar.

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